En la mayoría de los rincones del mundo, la historia ha sido escrita y contada por hombres. El Istmo de Tehuantepec es una excepción notable. Aquí, las mujeres zapotecas —las tehuanas— han sido y siguen siendo el eje central de la vida económica, cultural y espiritual de la comunidad. No es un matriarcado en el sentido estricto del término antropológico, pero es algo quizás más interesante: una sociedad donde la mujer ocupa un lugar de poder real, cotidiano y reconocido por todos.
La Sociedad Matriarcal del Istmo: Un Mundo Único
La sociedad zapoteca del Istmo no es estrictamente matriarcal en el sentido académico —el poder político formal ha estado históricamente en manos de hombres— pero sí es matrifocal: la mujer es el centro de la familia, la economía doméstica y el tejido social. Las mujeres del Istmo son comerciantes, gestoras del hogar y custodias de la cultura. En el mercado, en las fiestas y en la vida cotidiana, su presencia es dominante e indiscutible.
Esta característica ha fascinado a investigadores, fotógrafos y viajeros durante décadas. En los años 1970 y 1980, el Istmo atrajo a una generación de fotógrafas y documentalistas feministas que encontraron aquí un modelo alternativo de organización social. Las imágenes de mujeres zapotecas —imponentes, seguras, ricamente vestidas— circularon por publicaciones de todo el mundo.
Importante aclarar que este rol de poder femenino no elimina las tensiones y desigualdades de género que existen en toda sociedad. Las mujeres del Istmo también enfrentan retos; pero la base cultural desde la que lo hacen es significativamente más sólida que en muchas otras regiones de México.
El Huipil Tehuana: Arte Textil y Símbolo de Identidad
El huipil tehuana es posiblemente la prenda más elaborada y simbólica de todo México. No es simplemente ropa: es un mapa de la identidad de quien lo porta. Los bordados representan elementos naturales del Istmo —flores tropicales, mariposas, aves— ejecutados con hilos de seda o algodón en técnicas que se transmiten de madres a hijas durante generaciones.
Existen diferentes tipos de huipil según la ocasión. El huipil de diario es más sencillo, de tela ligera apropiada para el calor del Istmo. El huipil grande es la pieza ceremonial que se usa en las Velas y se porta sobre la cabeza en momentos rituales, creando un efecto visual de corona floral viva. Confeccionar un huipil grande de calidad puede llevar meses de trabajo artesanal y su costo refleja ese esfuerzo.
Usar el huipil no es solo una cuestión estética: es un acto político y cultural. Las mujeres zapotecas que portan su traje tradicional en cualquier contexto —incluyendo espacios profesionales urbanos fuera del Istmo— están afirmando su identidad frente a la presión homogenizante de la moda occidental.
Las Tehuanas en el Mercado: Soberanas de la Economía
El mercado de Juchitán es el reino de las tehuanas. Desde las cuatro de la madrugada, cuando llegan los primeros cargamentos de pescado fresco desde la costa, hasta el mediodía cuando el sol hace insoportable el calor, el mercado funciona bajo la gestión casi exclusiva de mujeres. Venden mariscos, tlayudas, tortillas de maíz, frutas tropicales, flores, artesanías y ropa.
Esta presencia femenina dominante en el mercado tiene raíces prehispánicas. En las sociedades mesoamericanas, el comercio era frecuentemente territorio femenino. Los hombres se encargaban de la agricultura y la guerra; las mujeres, del intercambio y la distribución de productos. En el Istmo, esta división del trabajo sobrevivió la colonia y las modernizaciones del siglo XX con notable persistencia.
Frida Kahlo y la Tehuana: Símbolo Global
La pintora Frida Kahlo adoptó el traje tehuana como parte central de su identidad pública. En sus autorretratos, el huipil y la enagua son inseparables de su imagen. Este gesto artístico-político tuvo consecuencias enormes para la visibilidad global de la cultura zapoteca del Istmo.
Kahlo veía en la tehuana no solo belleza estética, sino poder: la imagen de una mujer indígena que ocupa el espacio público con dignidad, que no se avergüenza de sus raíces, que usa su cuerpo y su ropa como declaración política. Esta lectura resonó profundamente con los movimientos feministas e indigenistas de su época y sigue siendo vigente hoy.
La Zandunga: El Himno de las Mujeres Zapotecas
La Zandunga es el son istmeño por excelencia: una melodía melancólica y a la vez solemne que se toca en bodas, funerales, Velas y en la Guelaguetza de Oaxaca. La palabra "zandunga" se refiere a una mujer con gracia y donaire. La canción es un canto de amor y añoranza por la tierra del Istmo.
El baile de la Zandunga es la expresión más codificada de la feminidad zapoteca: las mujeres bailan con movimientos serenos y majestuosos, portando el huipil grande sobre la cabeza o los brazos, en una coreografía que exige años de práctica para ejecutarse con la dignidad que merece.
Las Mujeres en las Velas: El Corazón de la Fiesta
En las Velas zapotecas, las mujeres son el eje del espectáculo y la organización. Las capitanas de cada Vela son casi siempre mujeres que han ahorrado durante años para costear la fiesta de su barrio o gremio. El día de la Vela, las capitanas desfilan con sus mejores huipiles y su joyería completa, recibiendo los saludos de la comunidad como lo harían en una corte medieval.
La noche de una Vela grande en Juchitán es un espectáculo difícil de describir: cientos de mujeres con trajes elaborados, música de marimba y viento en los patios de fiesta, el aroma de los guisos comunitarios y la luz de las velas que dan nombre a la celebración. Quien visita el Istmo durante una Vela nunca lo olvida.
El Rol Femenino en la Gastronomía Zapoteca
La cocina del Istmo también ha sido históricamente territorio femenino. Las recetas de mole negro, estofado zapoteco, tamales de iguana y tlayudas han sido transmitidas de madres a hijas durante generaciones. Las cocineras tradicionales del Istmo son custodias de un patrimonio culinario invaluable.
En La Terraza Juchitán honramos esta tradición. Nuestra cocina está inspirada en las recetas que las abuelas zapotecas han preservado con tanto cuidado. Cada tlayuda que servimos es también un homenaje a las mujeres que hicieron de la gastronomía del Istmo uno de los patrimonios más ricos de México.
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